sábado, 11 de febrero de 2012

El amor es una droga

El amor es una droga a la que todo el mundo se engancha. Por norma general, hay dos tipos de personas: aquellas que desean con todas sus fuerzas engancharse y les da igual a quién, y aquellas que tienen miedo a engancharse y tener que abandonar su especie de libertad entera. Sin embargo, estos dos caminos sin lugar a dudas llegarán a desembocar en el mismo lugar: en el mar de los corazones completos, de los enamorados, de los adictos, de los de la sonrisa tonta en su cara.
Yo tengo miedo pero no sé a qué. Tengo miedo a engancharme, a enamorarme, pero también tengo miedo a no ser adicta. Me paseo por la calle y me doy cuenta de que por cada hoja caída en otoño, hay una pareja feliz; por cada ciudad nevada en invierno, hay una pareja feliz; por cada flor florecida en primavera, hay una pareja feliz; y que por cada rayo de sol en verano, hay una pareja feliz.
"Lo que tiene que ser,será, deja que el destino actúe por su cuenta". Típica frase que te suelen decir tus amigos después de explicarles tu situación. Vale, de acuerdo, que deje al destino, pero, ¿y si hay una posibilidad por pequeña que sea de que no me guste lo que el dichoso destino eligió para mí? ¿Entonces es a eso a lo que tengo miedo, a que no me guste la elección del destino? Me gusta creer en el destino, en esa fuerza superior que es la razón de muchas cosas que nos pasan, es más romántico, pero debo confesar, que no creo del todo en él, pienso que no hay ninguna fuerza superior, que los únicos culpables de lo que nos pasa somos nosotros mismos, es la ley de acción, reacción, repercusión, nada pasa porque sí, pasa porque hemos hecho algo que se considera antecedente de ello. Por esto, y nada más que por esto, puede que cambie mi forma de ser con ciertas personas. Para bien o para mal eso ni Dios ni el destino lo saben, solamente yo.

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