viernes, 24 de febrero de 2012

Mi pequeña dosis de alegría diaria

¿Sabes esa sensación de caerte al vacío? ¿Ese escozor de ojos sinónimo de llorar? ¿Sabes lo que es aguantar tanto abandono? Lo sepas o no, eso es lo que siento yo. Va a llegar un momento en que deje de creer en todo y explote, y llore, y me derrumbe, de que caiga al suelo y me rompa, como un cristal, o como una muñeca de porcelana que en el fondo soy. Pero en realidad soy fuerte, soy muy fuerte y solo gracias a los palos que me han dado, de hecho, parte de mi sonrisa ha dejado de relucir después de tanto sufrimiento. Pero bueno, no pasa nada, lo que haré ahora será apretar los labios, cerrar con fuerza los ojos y pensar en Nueva York. ¡Ay mi amada Nueva York! Cuánto daría yo por volver a estar entre tus calles, respirando la agitación y el amor que le tienen los neoyorquinos a su ciudad, mi quinta avenida con su glamuroso Tiffany's, mi Times Square, mi puente de Brooklyn...
Me encanta. Me encanta porque el simple hecho de pensar en ella me relaja, me aparta del mundo, me alegra el día.


Es mi pequeña dosis de alegría diaria.

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