viernes, 20 de abril de 2012

Te echo de menos

No puedo. Simplemente no puedo. No puedo ni siquiera ver una foto tuya estando con ella. Vale, sí, es ella y no yo, pero es que eso a mí no me importa. Al mismo tiempo que te vea feliz, también lo soy yo. El problema me llega cuando te veo con tu pedazo de sonrisa torcida tan irresistible de la que me enamoré una vez. Sí, lo reconozco, no te he olvidado, te sigo queriendo y cada vez que mis ojos se cruzan con los tuyos del color del chocolate me derrito, me tiemblan las piernas, me sonrojo y no sé qué hacer. En realidad sí lo sé, quedarme paralizada sin poder dejar de mirarte, eso es lo que hago siempre. ¿Qué tienen tus ojos que me embrujan? No lo entiendo, de verdad que no. ¿Acaso no hace ya más de un año que dejamos de hablarnos? Maldito seas corazón, enamorarse no sirve de nada y ahora estás sufriendo las consecuencias de las que la mente te advirtió. Olvídalo ya, ¿no crees que ya va siendo hora de ello? No es justo que aún tengas ocupado todo el espacio reservándolo para cuando él vuelva sin saber con certeza que lo vaya a hacer mientras hay otras personas que están deseando ocupar ese lugar.
Dicen que el primer amor nunca se olvida y hoy estoy segura de ello, lo corroboro, aunque ojalá no fuese cierto. Echo de menos esas largas tardes hablando contigo de lo que fuese, el sonidito que emitía el ordenador avisando de que me habías hablado, tu pelo tan despeinado sin importar la hora del día que fuese, tu intento de sonreír para disimular en parte que estabas mal, todos los momentos que hemos vivido. ¿Dónde quedaron los recuerdos? En fin, te echo de menos.

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