martes, 18 de junio de 2013

Llámame si me echas de menos

Hace mucho que no hablamos. A penas sé de ti. Miento. Claro que sé de ti, sé casi cada paso que das, pero ya no eres tú quien me los cuenta. Te echo de menos, por supuesto que lo hago, y estoy segura que nunca pasaré este estado de añoranza en el que estoy. No dejo de soñar con nosotros, con el pasado. No dejo de recordar, de recordarnos. No dejo de echarme la culpa de todo lo que ha pasado, de arrepentirme. Suspiro. Suspiro otra vez. Así es como paso el día, un suspiro tras otro y una lágrima tras otra. ¿Y si te llamo? Sí, eso es, te llamaré y arreglaremos todo, como siempre hemos hecho cada vez que discutíamos. El problema es que esta vez no hemos discutido del todo, simplemente me has dejado en el camino, mi presencia ya no te aporta nada. De cualquier forma voy a llamarte. Descuelgo el teléfono y marco tu número. Me lo sé de memoria aunque nunca te haya llamado. Biiip. Contesta por favor. Biiip. Por favor. Biiip. No vas a contestar. Biiip. Estás demasiado ocupado. Biiip. No vas a contes... ¡Al fin!

- ¡Hola! En este momento estoy ocupado, si quieres algo, haz lo de siempre, deja un mensaje y ya te llamaré.


Claro, ocupado. Ya lo sabía. Estoy a punto de descolgar cuando mi boca comienza a soltar palabras sin antes pasar por mi cabeza.

- Eh.. Hola. Soy yo. Sé que estás ocupado, he oído que tienes nuevas cosas que hacer y eso.. en fin. Sólo...sólo llamaba para preguntarte cómo estabas y... y para decirte que cuando puedas me devuelvas mi corazón. Sí, ese montón de pedazos que ha quedado de él, si no te importa. Me dejaste pero te lo llevaste contigo y... ya sabes... duele vivir sin él. Aunque en realidad no sé si duele más vivir sin él o vivir sin ti. En fin, llámame cuando te acuerdes de mí.

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