domingo, 30 de noviembre de 2014

Que quiero que vengas ya

A ver cómo te digo que vengas. Que yo quiero que vengas, a ver cómo te lo digo. Que llevo mucho esperándote y aún más puedo esperar, porque te quiero, pero quiero que vengas ya. No sé de qué manera decírtelo, ni de qué manera convencerte, que yo quiero que vengas ya. Que cuando vengas me harás feliz, porque tú me haces más feliz. Que cuando tú me miras yo soy más feliz. Y cuando tú estás cerca. Y cuando tú me sonríes. Y cuando me tocas. Y cuando sólo te acercas para bromear o hacer el tonto. Que cuando tú vengas me voy a hartar. Pero no de ti. De abrazarte. Y tú de mí. De abrazarme. Que cuando tú vengas no te voy a dejar ir. Porque no he querido a nadie como a ti, porque nadie me hace sentir como tú, y eso que aún no has venido. Que cuando tú vengas estaré mejor, porque ya no volveré a pasar frío. Ya no volveré a saber qué es la soledad. O lo que es dormir sola. O lo que es no tener un nombre que me haga sonreír con sólo oírlo. Que quiero que vengas porque sé que me quieres. Y que me necesitas. Y porque sé que te quiero. Y que te necesito. Que no puedo vivir sin ti y quiero que vengas. Que me das color y me das luz y quiero que vengas. Que quiero que vengas ya. Que cuando vengas te voy a querer -aunque ya lo hago- pero te voy a querer más. Que cuando tú vengas no me lo voy ni a creer, porque estás tardando tanto que me va a parecer mentira que hayas venido.











Y que, a ver cómo hago yo para que leas estas líneas y convencerte, así, de que quiero que vengas ya.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Contigo me pasa que nunca me canso

¿No te pasa que te cuentan una broma que te hace reír mucho y te encanta, pero que cuando te la cuentan una segunda vez te parece de lo más tonta? ¿No te pasa que de repente un vídeo o una fotografía te hace soltar una carcajada pero que al minuto siguiente, cuando vuelves a verlo, ya no lo hace? O una película. ¿No hay películas que aborreces a la segunda vez que la ves? O una bebida. El primer sorbo te fascina, el segundo es monótono. O un juego de mesa que acabas odiando de tanto que has jugado porque en su momento adorabas tanto que casi se había convertido en tu razón de vivir.

Contigo no me pasa. Contigo me pasa que nunca me canso. Contigo me pasa que cuando estoy a punto de dejar de pensar en ti con tanta frecuencia porque parece que te empiezo a aborrecer, pasa que llegas tú y me sonríes. Como siempre, rompiendo esquemas. Contigo me pasa lo que me pasa con mi montaña rusa favorita, que me sé sus curvas y vueltas y nunca me canso. Contigo me pasa lo que me pasa con mi café favorito, o con el café en general, que nunca tengo suficiente y nunca parezco hartarme. Porque me encanta. Igual que tú. Contigo me pasa lo que me pasa en verano cuando llega la temporada de helado, que cada vez que lo tomo es como la primera vez, y nada se asemeja a la primera vez que tomamos el helado que a partir de ese momento se convertirá en nuestro favorito. Y eso sólo me pasa con el helado de chocolate y menta. Y esto sólo me pasa contigo. Y, a pesar de mi buena memoria, siempre es como la primera vez que te veo cuando lo hago. Y la primera vez que te sonrío de vuelta cuando tú lo haces. Porque contigo me pasa que no necesito tener buena memoria para mantener a las famosas mariposas en mi estómago. Porque esto sólo me pasa contigo, y aún dudas si te quiero o si otro ocupa tu puesto, pero ya ves que no. Aunque no quiera. Aunque lo disimule. Aunque haga como que me canso.




lunes, 17 de noviembre de 2014

Sé que el amor es sólo un grito en el vacío - Bajo la misma Estrella

  "Estoy enamorado de ti, y no me apetece privarme del sencillo placer de decir la verdad. Estoy enamorado de ti y sé que el amor es solo un grito en el vacío, que es inevitable el olvido, que estamos todos condenados y que llegará el día en que todos nuestros esfuerzos volverán al polvo. Y sé que el sol engullirá la única tierra que vamos a tener, y estoy enamorado de ti."



Bajo la misma Estrella, John Green.

viernes, 14 de noviembre de 2014

De hechos y cosas que no entiendo

No entiendo por qué no me quieres. Igual que no entiendo por qué los días encapotados, los días grises, suenan a despedida. Igual que tampoco entiendo por qué el invierno y el frío nos recuerda que estamos solos, nos recuerda que sobre todo existe la soledad. Igual que tampoco entiendo por qué nos da por escuchar canciones tristes cuando estamos solos. O por qué cuando la ausencia me consume necesito un chocolate o un café muy caliente, de esos que arden cuando bajan por la garganta. Pero es un hecho. Igual que es un hecho que lloro cada vez que escucho Back to December de Taylor Swift sin tener por qué. Quizá porque me da pena la nostalgia que trasmite, porque la siento conmigo aunque nunca haya tenido la oportunidad de hacerle daño a alguien como para arrepentirme, o como tú estás a punto de hacerme. 

¿Me quieres? No lo sé. Siempre la misma pregunta. Siempre la misma respuesta. Yo estoy enamorada de ti, eso también es un hecho. Estoy enamorada de ti y, por muy cursi que suene, es la pura realidad. Te quiero. Estoy cansada de negármelo, cansada de evitarlo, cansada de decir "hasta aquí he llegado" cada vez que haces como que tú a mí no. 


Muchas veces me pregunto qué pasará por tu cabeza para darme señales que sí y señales que no. Quizá tienes miedo, que lo entiendo, pero dímelo, porque más miedo que yo dudo que tengas. El problema es que hay algo que nos diferencia, y es que yo sí que estoy dispuesta a tirarme al vacío, y tú hasta ahí no parece que quieras llegar. 


No me gustan los días de invierno y no me gustan los días sin ti. Y esto también es un hecho. Tampoco me gusta que pases de mí y hagas como que no sientes cosas. Ni que disimules cuando estés celoso. Que eso tampoco lo entiendo. No entiendo por qué disimulas tus celos cuando ya los he visto. O por qué estás celoso cuando sólo somos amigos. Porque según tú somos amigos; según yo, no. Y esto es otro hecho. Todo esto son hechos. Igual que es un hecho que estoy enamorada de ti y que por el momento no dejaré de estarlo, sino que me seguiré preguntando por qué tú no me quieres o por qué si lo haces no me lo demuestras. Y por qué tengo que pasar otro invierno sola, que eso tampoco lo entiendo.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

I believe in miracles

Creo en el color rosa. Creo que la risa es el mejor quemador de calorías. Creo en besar, besar mucho. Creo en ser fuerte cuando todo parece ir mal. Yo creo que las chicas más felices son las chicas más guapas. Creo que mañana será otro día y creo en los milagros.

 Audrey. H

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hablemos

Hablemos de por qué estás en todas partes. O de por qué soy yo la que te veo en todas partes. Hablemos de por qué soy a la que todo le recuerda a ti. Hablemos. Hablemos porque parece que ya no lo hacemos. Y, aunque parezca mentira, te echo de menos. A ti. A nosotros. A lo que fuimos. A lo que pudimos haber sido un día y nunca llegaremos a ser. Hablemos de eso también. Hablemos de las historias que no quisiste acabar o de cómo cerraste el libro entero sin dejarme tiempo a salir. Hablemos de los puntos finales que nunca se pusieron o de los "y fueron felices y comieron perdices para siempre" que nunca será con nosotros. Hablemos de las voces en nuestro interior suplicándonos que no nos separemos. Hablemos de que no puedo seguir viviendo sin ti. 


Hablemos, porque lo necesito. Necesito que hablemos. Y también necesito nuestros paseos. Y nuestras movidas. Y nuestras discusiones que siempre acaban bien. Y nuestras risas. Y tu voz. Y las sonrisas que me dedicabas. Y tu mirada. Y tu forma de mirarme. Ay, ¡y qué forma de mirarme! Eso es lo que más echo de menos, y sobre todo al saber que nunca más volverás a mirarme así y que nunca más volverán a mirarme así. Porque sí, vendrán otros. Quizá no muchos. Quizá ni siquiera más de uno. Pero vendrá, y sé que nunca jamás me mirará así porque nunca jamás me querrán como tú me quisiste ni ocuparán tanto en mi corazón como ocupabas tú. Como aún ocupas tú. Hablemos de eso también. Hablemos de que aún te quiero.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Te mentí y te miento

Te mentí. A estas alturas ya debes saber lo que siento. O lo que crees que siento. Quiero que sepas que te mentí. Te mentí diciendo que te quería. Te mentí cuando dije que no podía vivir sin ti, que me rompiste cuando me demostraste que no era tan importante para ti como creía. Te mentí cuando demostré que me moría por leerte a altas horas de la madrugada mientras yo estaba de fiesta y tú no. Te mentí cuando dije que lo que sentía era tan grande que necesitaba que las palabras salieran de mis pensamientos en forma de dedos pulsando un teclado de ordenador, tan usado que muchas de las letras casi ni se ven, pero que sabes que están ahí, como creías que era mi amor por ti. O como yo creía que era tu amor por mí. 

Sin embargo te mentí. Te mentí, también, al decir que me dolía que prefirieras seguir enterrándote en la mierda que rodea todo tu pasado en lugar de venir a por mí, aún sabiendo que te esperaba con los brazos abiertos. Te mentí también en eso, por cierto, no te esperaba con los brazos abiertos. Te mentí al decir que releía nuestras mejores conversaciones intentando convencerme de que también me querías, que no eran imaginaciones mías y que no me estaba volviendo loca. Te mentí cuando te dije que sabía tu historia desde hacia meses. Te mentí cuando te dije que sé donde estás a cada momento porque quería saber cuánto de lejos estaba mi corazón del resto de mi cuerpo. Te mentí al decirte que te echaba de menos y sobre todo al decirte que te quería. Te mentía con los ojos, que no brillaban por ti, y con la boca, que no sonreía por ti. Te mentí.


¿Por qué te mentí? Te preguntarás. No tengo respuesta. Te mentí tanto, tanto, tanto... que no tienes ni idea. Te mentí y te sigo mintiendo. Y lo seguiré haciendo si seguimos así. Te mentí, claro que lo hice. Y también lo estoy haciendo ahora. Porque quizá te esté mintiendo ahora mismo, en realidad, y que todo en lo que digo que mentí en realidad no era mentira, sino que esta confesión es la verdadera mentira. O no. O sí. ¿Quién sabe? Sólo yo, porque tengo miedo. Tengo miedo de ti, de tus mentiras y tus verdades, de que me hagas daño. Tengo miedo, y tengo tanto que prefiero vivir con un escudo que me proteja de ti. Y por eso miento.