domingo, 23 de noviembre de 2014

Contigo me pasa que nunca me canso

¿No te pasa que te cuentan una broma que te hace reír mucho y te encanta, pero que cuando te la cuentan una segunda vez te parece de lo más tonta? ¿No te pasa que de repente un vídeo o una fotografía te hace soltar una carcajada pero que al minuto siguiente, cuando vuelves a verlo, ya no lo hace? O una película. ¿No hay películas que aborreces a la segunda vez que la ves? O una bebida. El primer sorbo te fascina, el segundo es monótono. O un juego de mesa que acabas odiando de tanto que has jugado porque en su momento adorabas tanto que casi se había convertido en tu razón de vivir.

Contigo no me pasa. Contigo me pasa que nunca me canso. Contigo me pasa que cuando estoy a punto de dejar de pensar en ti con tanta frecuencia porque parece que te empiezo a aborrecer, pasa que llegas tú y me sonríes. Como siempre, rompiendo esquemas. Contigo me pasa lo que me pasa con mi montaña rusa favorita, que me sé sus curvas y vueltas y nunca me canso. Contigo me pasa lo que me pasa con mi café favorito, o con el café en general, que nunca tengo suficiente y nunca parezco hartarme. Porque me encanta. Igual que tú. Contigo me pasa lo que me pasa en verano cuando llega la temporada de helado, que cada vez que lo tomo es como la primera vez, y nada se asemeja a la primera vez que tomamos el helado que a partir de ese momento se convertirá en nuestro favorito. Y eso sólo me pasa con el helado de chocolate y menta. Y esto sólo me pasa contigo. Y, a pesar de mi buena memoria, siempre es como la primera vez que te veo cuando lo hago. Y la primera vez que te sonrío de vuelta cuando tú lo haces. Porque contigo me pasa que no necesito tener buena memoria para mantener a las famosas mariposas en mi estómago. Porque esto sólo me pasa contigo, y aún dudas si te quiero o si otro ocupa tu puesto, pero ya ves que no. Aunque no quiera. Aunque lo disimule. Aunque haga como que me canso.




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