jueves, 26 de noviembre de 2015

No quiero más engaños

No sé tú, pero no me gustaría saber que me quieres,
pero prefieres no hacerlo.
Que estás conmigo,
pero prefieres no estarlo.
Que piensas que lo nuestro es falso.
No sé tú.

No quiero despertarme y ver que lloras,

que no eres feliz.
No quiero que busques otras bocas,
que sigas otro matiz.
No quiero que estés conmigo por estar.
No quiero.

No me gustaría que no tuvieras huevos,

ni yo ovarios de no acabar
cuando vemos que estamos acabados.
No me gustaría seguir con pantomimas,
ni juegos de niños pequeños.
no me gustaría.

Quiero preguntarme todos los días;

cada segundo, cada hora del día
si estarás pensando en mí.
Y saber que sí.

Quiero que estés orgulloso de lo nuestro,

que lo que tenemos sea envidiado.
Quiero que no necesites huir,
que si lo hagas sea en mis brazos.

Quiero que me quieras y seas feliz.

Que yo lo haga, y también.
Quiero pensar que somos modelo a seguir,
aunque en realidad seamos un caos, ¿y qué?

Quiero que me hagas creer que no todo es falso,

que una relación de verdad es posible.
Que no es leyenda, que no son mitos,
porque yo ya estoy harta de engaños.





martes, 24 de noviembre de 2015

Me pregunto

Me pregunto si te acuerdas de mí.
Si puedes sobrevivir sin mi risa,
sin picarme.

Me pregunto si puedes seguir sin mí.

Si me echas en falta,
o el mirarme.

Me pregunto si piensas en mí.

Si notas mi ausencia,
mis reproches.

Me pregunto qué fue de ti.

Si decidiste pasar página,
u olvidarme.

Me pregunto a mí misma por ti.

Por cómo te va la vida,
sigo preguntándome.

Me pregunto mucho por ti.

Si alguna vez me quisiste,
o me engañaste.

Me pregunto si ha pasado mucho

desde que me marché,
porque yo no te extraño
y parece que fue ayer
cuando me rompiste,
me agrietaste.




jueves, 12 de noviembre de 2015

Desvariando, como de costumbre

23:58 de un miércoles, hora de cualquiera que sea el lugar desde el que escribo. Al día siguiente madrugaba para estudiar. Y luego clase. Yo qué sé, la vida sigue. Parece. En ese momento me di cuenta de algo que había estado frente a mí toda mi vida. 

Escribí entradas sobre mí, sobre lo cobarde que soy, sobre la baja autoestima y lo poco que uno se aprecia. Escribí sobre lo mucho que te quise, lo mucho que te habría querido si me hubieras dejado, lo roto y dolido que estaba mi corazón, lo poco correspondido que había sido siempre, el pobre. Escribí sobre mil cosas pero sin duda no sobre la más verdadera: yo.

Siempre me ha gustado noviembre. Y por eso tuvo que ser un miércoles de noviembre a las 23:58 para darme cuenta de que no estaba sola por mala suerte, como hasta ahora he creído. No era por haberme topado con chicos que no supieran querer. Ni siquiera era por mí. Bueno, sí, era por mí, pero no exactamente como creía. Los chicos no dejan de querer a las chicas por su físico, baja autoestima, malas deportistas o lo cobardes que son porque los chicos de hoy en día son los verdaderos cobardes. No nos quieren por querernos, por estar segura de nosotras mismas y por tener las cosas claras. No nos quieren porque ahora nosotras tenemos la oportunidad y el poder de mandarlos a paseo cuando nos plazca. Votamos. Conducimos. Trabajamos. Viajamos. Conocemos. Cuidamos. Limpiamos. Cocinamos. Tenemos voz y tenemos voto. No dependemos de nadie. No queremos gente que quiera a trompicones, sino que quiera todo seguido y sin pausas. No queremos a alguien que esté a ratos, sino que esté siempre. No queremos a alguien que nos deje a medias, sino completas. Y hay un problema, porque la fábrica de chicos ya no hace de esos modelos, ahora los hace inseguros. De los que tienen miedo que una mujer los supere en algo. De los que no se comprometen. De los que prefieren el "mañana ya no te conozco" al "mañana te llamo". De los que pretenden encerrarnos en jaulas de su propiedad. De los que ya no quedan. Y qué putada. Y más cuando no encajan conmigo. Y más porque no hay piezas suficientes para tanto rompecabezas que nos montamos. Yo la primera.

En realidad eso último es lo que más claro tengo. Y quizá por eso estoy sola, porque quiero seguir jugando a montar puzzles.



Mi madre dice que deje de pensar esas cosas. De escribirlas. Mi madre se empeña en que no todos son iguales o en que la culpable soy yo, por ser tan especial. Mamá, te quiero, pero déjame seguir con mi puzzle.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Pidiendo perdón a mi propio corazón

Llevo tiempo queriendo escribirte desde la parte más sincera de mi corazón. Hola. ¿Qué tal te va? Sé que has pasado por mucho últimamente y que hay pocas cosas que te han alegrado como solía hacerlo él antes. Lo siento. Quería decirte que a mí me han enseñado a tratar las cosas lo mejor que pueda y a dejarlas tal y como yo las recogí. Contigo no pude. Contigo hice tantos pedazos que casi pareció que se había acabado para siempre. Te destrocé. Te despedacé. Te acribillé. Te machaqué. Y lo siento. Lo siento desde lo más profundo de mí. Siento no haberte tratado como te mereces, pero no venías con manual de instrucciones y yo no soy experta en estas cosas.

¿Me creerías si te digo que aún te quiero? Probablemente no. Probablemente me darías la patada abrazándote a ti mismo por todo el daño que te he causado. Intentarías mirar por ti antes que aceptar que nadie te llegue, que nadie te toque. Probablemente no seas el mismo, que lo entiendo, pero no sabes lo culpable que me haces sentir.

Hola. Quiero dejarte un mensaje subliminal diciéndote que te quiero, que vuelvas, que nada es lo mismo sin ti. Qué típico de mí, escribir en lugar de decírtelo en persona, pero soy más yo por escrito que por palabras dichas. Espero que lo entiendas. Vuelve, corazón. No pretendía romperte, no pretendía hacerte pasar por tantas situaciones dolorosas una y otra vez antes de darme cuenta de que quien tenía la culpa de que te hicieran daño no era él, sino yo misma. Acepta que intente quererte otra vez. Acepta que quiera ayudar a reconstruirte. Acepta que quiera formar parte de un nuevo y reformado corazón.


Déjame alejarte de todo aquél que quiera hacerte daño.

martes, 27 de octubre de 2015

De pronto llegas

De pronto me sorprendo escuchando Ed Sheeran y me pregunto: ¿qué ha cambiado?

De pronto dejo de quejarme del pasado, de odiar el pasado y de sufrir por los fantasmas de otros que me persiguieron el tiempo suficiente como para dejar huella de la que se queda clavada en el corazón. Pero de pronto eso es agua pasada. De pronto han pasado apenas unas semanas desde las que me descubrí queriéndome a mí, queriendo tanto la vida como para acabar escribiendo. Y todos saben cuándo acabo escribiendo y no es cuando más libre estoy. De pronto me descubro queriendo volver a verte, con ganas de levantarme mañana y que me hagas reír o que me acaricies o que me sorprendas con algo tuyo que no conozco. De pronto me pregunto por qué has tardado tanto en aparecer en mi vida. O de pronto llega la noche y me pregunto cuánto más tardaré en verte y si lo haré al día siguiente. De pronto te echo de menos.


No estaba planeado pero las mejores cosas aparecen así. Igual que yo escribo sin que ninguna de estas palabras pasen por mi mente, sino que mis dedos son los que las dictan. Lo comparo con la vida, como todo últimamente. Mi corazón siempre es que dicta el camino. Todos los caminos llevan a Roma y tengo miedo de que mi Roma seas tú.

De pronto me sorprendo con cosquillas en el estómago, con sonrisas bobas cuando ya estoy en la cama o escuchando una y otra vez una estúpida canción de amor que un inglés pelirrojo cantaba a dios sabe quién pero que a mí me recuerda a ti.

"Déjate llevar", pienso. Pienso, pero nunca actúo. Pienso, pero creo que no existo. Pienso, pero tengo miedo.

No sé dónde me llevará nada de esto pero por lo pronto he recuperado mi duende y mi magia, mi inspiración para escribir, y hacía mucho que no tenía de eso.




De pronto llega alguien,
De pronto llegas.
-Sara Búho

sábado, 17 de octubre de 2015

La noche del 29 de Junio quise ir a la Luna

Quiero ir a la Luna. Es un pensamiento que tuve una noche volviendo a casa después de una etapa. Casa siempre está, por eso se llama casa; esa anoche la Luna era nueva, como mi nueva vida, y yo decidí que quería ir a la Luna. No me puedo morir sin ir a la Luna, al contrario que sin quererte como quiero.

Las cosas son como son y no te he podido querer como yo quería pero gracias por esa etapa que ahora cierro. Ir a la Luna lo relaciono con todo en esta vida: difícil pero no imposible. Yo no pensaba ser tan feliz como lo fui de pequeña y lo conseguí. Y algún día conseguiré ir a la Luna. Y algún día conseguiré querer a alguien como quiero querer, que este corazón no se puede morir sin haber querido con todas sus ganas. Igual que yo tampoco me puedo morir sin ir a la Luna.



martes, 13 de octubre de 2015

En presente sola, pero no solitaria

Esta noche vengo a hablar de la soledad. Hoy vengo a hablar de superación, de aceptación, de cosas completas y corazones felices. Hoy vengo a hablar de mí.

Me costó mucho superarte. Me costó mucho aceptar que no me querías, que sólo jugabas. Me costó aceptar que tenías la mala educación de no sonreírme cuando yo lo hacía, de no corresponderme cuando yo te quería. Me costó levantarme cuando me habías tirado por el acantilado más prominente sin pensar en cómo acabaría. Pero, ¿cuándo pensaste en mí?


Me creí incapaz de seguir adelante. Me rompiste en tantos pedazos que me hizo falta una aspiradora para no cortarme cada vez que pasara por encima de ellos. Y aún así estaba segura de que volverías y que lo harías cuando aún seguiría rota para ayudarme a juntar las piezas. Juraría que tú volverías al darte cuenta de lo que habías tenido siempre justo a tu lado. Te quería. Y menos mal que es pasado. Y menos mal que es pretérito imperfecto.


Era la mitad de lo que soy ahora. Gracias. Y gracias. Mil gracias. Infinitas gracias. ¿Qué has hecho conmigo? ¿Qué me has hecho? Ahora sólo quiero ser feliz. Ahora sólo soy feliz. Y menos mal que es presente.


En presente siento el frío en la cara y no me molesta. Siento el viento jugar con mi pelo y no se me enreda. Siento las yemas de mis dedos buscar algo que acariciar pero no eres tú. En presente no necesito más vendedores de humo como tú. En presente no lloro; sonrío. En presente quiero; me quiero. En presente canto. En presente bailo. En presente disfruto de la soledad; disfruto de mi compañía.



En presente soy feliz.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿Quién se deja la suela del zapato tirada en la calle?

"¿Quién se deja la suela del zapato tirada en la calle?" Es lo que pensé esta mañana al encontrarme una suela de un zapato tirada en la calle mientras iba de camino a la universidad. No pude evitar hacer comparaciones. Una persona adicta a escribir no puede evitar ese tipo de cosas, ni el llegar a casa y ponerse a escribir sobre la suela de un zapato que ha encontrado en la calle. 

Cuando la vi inmediatamente pensé que a alguien se le había roto y que había decidido dejarla atrás y al pensarlo me acordé de lo que me he visto obligada a hacer cuando he dejado atrás mi vida anterior para viajar. Mucha gente he dejado atrás a mi pesar o por cosas que pasan para seguir avanzando. Gente que es temporal, que sólo conocimos porque nuestros caminos convergieron y luego volvieron a separarse. Gente que es tóxica y no merece la pena que nos quedemos con ella. Gente que viene. Gente que va. Gente que sólo está de paso o gente que no volveremos a ver jamás. Luego me acordé de aquellos que caminan de nuestra mano como la suela del zapato bueno que nunca se rompe, de ese zapato que coincide que es el más cómodo y el que más acabo usando. Sigo sin poder evitar compararlo con la vida. 


Irremediablemente me acordé de ti. Juro que hacía meses que no me acordaba de ti. Incluso llegué a conocer a alguien con tu nombre y no se me encogió el corazón al escucharlo presentarse. Ni siquiera me imagino finales alternativos a lo nuestro ya. Hubo un tiempo en el que la gente pensaba que te tenía tan olvidado que había empezado a querer otra vez. Incluso yo me lo creí, usando la excusa de un clavo saca a otro clavo y todo eso sobre lo que una vez escribí. Al final resultó que no, pero eso es otra historia de otra suela de zapato que decidí dejar tirada en el camino. El caso es que desde ti no he vuelto a querer. Tengo miedo de enamorarme de otro zapato que me haga rozaduras o de otro cuya suela no dure más de un mes. Tengo miedo de comprar otros zapatos porque la última experiencia no fue enriquecedora y he acabado yendo descalza a todas partes. 


Considero que hay zapatos cuyas suelas nunca se rompen y zapatos que vienen malos de fábrica, zapatos cuyas suelas nunca duran y acabo dejando tirada en la calle. Igual que hay gente que se queda, gente que deja huella y no se va; y gente que no aguanta y decide irse, o que yo misma decido dejarla tirada en el camino. Me alegro de que tú hayas sido del segundo grupo después de todo.




jueves, 16 de julio de 2015

Sueños (pesadillas) premonitorios en Junio sobre el invierno (y sobre ti)

He tenido una pesadilla. Éramos mayores. Cada uno había conseguido hacer su vida a su manera y apenas se acordaba del otro. Cada uno había triunfado a su manera. Yo sabía sobre ti y tus éxitos y me preguntaba si tú sabías sobre mí. No me acordaba mucho de ti, pero cuando lo hacía siempre me preguntaba si te acordarías de mí, si seguías bebiendo café sólo con azúcar hecho por las otras, si seguías robándole la almohada a las otras porque no podías dormir con una, si las otras unían tus lunares y te acariciaban con tanta suavidad como lo hacía yo, si te despertaban con un beso en cada párpado y un abrazo de oso, de los que gritan "no te vayas". Me preguntaba si me recordabas, si me reconocerías al verme, si te supuso algún problema tener que olvidarme, si tus ojos lloraban mucho al separarnos, si tu voz gritó alguna vez mi nombre por las pesadillas. Me preguntaba.

Ese invierno volví. Ni siquiera vivía ahí, pero volví; no con la intención de verte, tú ni siquiera entrabas en mis planes, pero es que nunca lo hiciste. Volví. Caminaba por la acera mirando escaparates en busca del regalo perfecto para los míos, tal y como solía hacerlo contigo. Y entonces entré en esa tienda de disfraces que tanto nos gustaba. Carnaval estaba lejos pero yo sentía la necesidad de entrar. Hacía un año y medio que no entraba, y la última vez que estuve fue contigo. Y entonces te vi. Le probabas a una chica una boa de plumas para luego atraerla hacia ti y besarla. Tu chica. Te percatabas de mi presencia, de mí, de la que en otra época fue tu chica, de esa que se había quedado paralizada en medio de una tienda de disfraces en la que nunca tenía que haber entrado. Entonces tú articulabas mi nombre, sin hacer ruido alguno. Tu chica se volvía, tu sonrisa se borraba, una lágrima caía por mi mejilla y mis piernas no respondían. Le pedías a tu chica salir y ella te obedecía. Todo en cuestión de segundos. Tú pasabas por mi lado, y ni siquiera un beso, un abrazo, un "te echo de menos", un "¿Qué tal todo?", ni una sonrisa. Ni siquiera me mirabas al pasar para salir. Y yo me desmoronaba, y me pellizcaba, intentando salir de mi pesadilla sin éxito, porque no era una pesadilla, de verdad te habías olvidado de mí, de verdad te habías deshecho de mí.



miércoles, 24 de junio de 2015

Cosas sobre amor efímero, superación y otros delirios

Hace un año exacto me estaba muriendo porque no te volvería a ver en los dos meses siguientes. Y contaba los días para Septiembre. Literalmente. Hoy estoy deseando perderte de vista e incluso me emociona la idea de saber que no te volveré a ver en mucho tiempo, en algo más que un par de meses. Te quise. Muchísimo. Pero te superé. Todo en esta vida se supera. Todo. Y, aunque hubo un tiempo en que no quería superarte porque tenía miedo de olvidarte y que me olvidaras, hoy me alegro de haberlo hecho. 

Aún no he llegado a ese punto de "¿Cómo habré sido tan tonta como para quererte?". O quizá lo he pasado. No me encuentro en la fase de odiarme a mí, sino de odiarte a ti, por enamorarme. Podrás decir que no tienes culpa, pero la tienes. No te preocupes, como ya he dicho, todo se supera. Ni siquiera me leerás, no sé por qué escribo esto, pero si te dedicaba mis pensamientos de amor ten por seguro que te dedicaré mi superación y mis delirios.


En el fondo tengo miedo de que todo se supere. Y de que todo pase. Y de que nada quede. Tengo miedo de olvidar que soy feliz o de olvidar a quien creo inolvidable. Nadie es imprescindible, dicen, pero, si nadie lo es, ¿cómo es que la gente se enamora? Siempre llego a la conclusión de que el amor no existe o de que si existe es efímero y nunca eterno. Y es contradictorio, siendo como soy. Y no es por ti. No has sido tú quien me ha hecho pensar así, pero has ayudado a formar esa especie rara de romántica empedernida que no cree en el amor que soy.


Por eso prefiero los libros, al fin y al cabo nunca te romperán el corazón y aún no he sido capaz de superar ni un solo libro que me haya marcado.




viernes, 5 de junio de 2015

La historia de cómo un clavo sacó a otro clavo

¿Alguna vez os han contado la historia de cómo un clavo sacó a otro clavo? Yo me la sé.

¿Recordáis lo enamorada que estaba del chico de ojos de color cambiante? Hasta los huesos. Bien, pues un día llegó otra persona de ojos y personalidad no tan cambiantes. O quizá siempre estuvo pero yo no me había dado cuenta de ello. El caso es que apareció, resurgió, volvió a la escena, hizo acto de presencia y todos esos verbos que al fin y al cabo vienen a significar lo mismo. El caso es que caló. Hacía reír de la manera que el otro no era capaz. O lo fue pero dejó de serlo. Y lo mejor es que él disfrutaba. Y así yo, enamoradiza pero nunca de las que la gente se enamora, no podía creer cómo alguien me hacía de reír y encima lo buscaba. Él buscaba mi risa. El segundo clavo ayudó, empujó, apoyó y hasta propició la salida del otro clavo. ¿"No había un yo sin un tú"? Eso era antes. ¿"Fui alguien que prefirió los ni contigo ni sin ti"? Eso era porque no me daba cuenta de que los sin ti mi gustaban más. ¿"Dije nunca más mientras me cruzaba los dedos a la espalda"? Eso ya no volvió a pasar.


Algún día nos van a querer tan fuerte que no vamos a creerlo. Y yo no lo creo. A pesar de que hayan conseguido sacar el clavo de mis entrañas, el que había estado tanto tiempo que hasta se había oxidado. A pesar de eso, sigo sin creerlo. Pero con todo eso sé, sabía y sabré que ese era el indicado. Algunos dirán que digo lo mismo de todos pero, ¿qué sería el amor sin un poco de ceguera?¿Qué sería del amor sin locura, sin lanzarse a la piscina o sin declaraciones absurdas a estas alturas? Sin todo eso yo no tendría qué escribir ytú no me estarías leyendo.



viernes, 15 de mayo de 2015

No sé qué pasa contigo

No sé qué pasa contigo ni qué me pasa contigo. Me lías. Me deslías. Te vas. Vienes. Me quieres. Me desquieres. Me enamoras pero te olvidas de desenamorarme. Y dime qué hago. Porque no sé qué hacer contigo ni qué hacer sin ti. No te entiendo pero tampoco me entiendo cuando no estás cerca. Quizá todo sería más fácil si no nos hubiéramos cruzado. De entre todos tuviste que ser tú y de entre todas tuve que ser yo. Yo qué se, lo sigo viendo putada. Que tu corazón no entiende que no me quieras y se empeña en morir por ti cada vez que te alejas. Y en vivir por ti cada vez que me miras.

No sé qué hacer. Me tienes. Lo Sabes. Me ignoras y duele. Que me conformo hasta con perderme en tu iris aunque sea un ratito, lo que dura nuestro cruce de miradas. Y sé que soy pesada con el color de tus ojos pero yo no era de ese color hasta que me enamoré. Igual que tampoco era de enamorarme hasta que caí. No sé si sabes cómo va eso porque parece que no lo estás ni lo has estado, pero ya te adelanto que querer como yo te quiero duele. Y mucho. Y nunca deja de doler, y se supone que así no funciona.


Que no entiendo nada, pero que por no entender no te entiendo ni a ti. Dime qué hago, dime si estoy mal, dime si te quiero si la única solución es poner tierra de por medio.



domingo, 19 de abril de 2015

Ya deberías saber que te quiero.

Deberías saber que te quiero. No porque tengas que saberlo, sino porque ya deberías, porque se me nota. Se me nota por el modo en que te miro y cómo no miro a los demás. Por el modo en que te sonrío a ti por cada cosa que dices; o a los demás por cada vez que pronuncio tu nombre. Deberías saberlo por cómo no soy capaz de decirte que te quiero por el miedo que tengo a que me rechaces o corras de mí o me evites. Yo qué sé. También deberías saberlo por cómo te pienso aún cuando no debería, por cómo sueño contigo todas las noches, por cómo busco cualquier excusa para hablarte. ¿Y en el momento en que me respondes? Cuando me respondes no sé qué hacer. Enseguida lo dejo todo para hablarte y eso sin mencionarte cómo se me ilumina la cara cuando lo haces. Podría hablarte de eso, pero ni siquiera me creerías. 

Deberías saber lo que te quiero por cómo cuadro mis horarios para coincidir contigo en mis intentos desesperados por verte, por cruzarme contigo. O por el modo en que busco tu mirada sin tener por qué y sólo para perderme en el azul verdoso o verde azulado de tus ojos. No sé la diferencia, pero ojalá me dejaras averiguarlo. Deberías saberlo por el modo en que me quedo sin aire cada vez que me acuerdo de que pondremos tierra entre nosotros en un intento (a la tercera va la vencida) de olvidarte. Deberías saberlo por eso, porque necesitaré olvidarte, porque necesito olvidar que no me correspondes, y eso sólo puede ser porque te quiero. 



jueves, 9 de abril de 2015

Esto va por todas las veces que otros me hacen daño y yo sólo pienso en ti

Hace bastante que no escribo y no sé por qué. O quizá sí: hace bastante que no me siento tan vacía como me siento hoy. Y sí,es por ti. O quizá no. ¿Quién sabe?

Aunque bueno, ¿A quién pretendo engañar? Estoy hasta las trancas. Estoy tan perdidamente enamorada de ti que temo haber perdido el juicio, porque aquí me tienes, escribiéndote, una vez más. Y mírame, aquí sigo, queriéndote, pero en silencio, aún sin entender por qué tú no me quieres o no me correspondes. O por qué haces como que sí pero al final es que no. Siempre es que no. Te lo prometo, no sabes cómo duele.


No te pido que te aclares, te pido que me aclares, que me hagas salir de esta oscuridad que supone el amor no correspondido. Tampoco te pido que me quieras porque será tarde y las cosas que llegan tardes siempre llegan forzadas. Tampoco te pido que me leas. Ni que me entiendas. Te pido que un corazón roto no se arregla con una mirada intensa entre el gentío ni con una caricia casi inexistente. Te pido que no te asustes cuando me desnude ante ti y veas que estoy repleta de grietas y que soy un puzzle sin terminar. Te pido que estés y que pueda contar contigo porque no hay cosa más jodida aparte de tener que quererte en silencio que es el estar mal, el estar vacío y sólo querer hablar contigo. Que no hay cosa que duela más que estar vacía y querer que tú me hables para llenarme. Que no hay cosa más jodida que vivir por ti y ni sentirte. Que ojalá sepas lo que te quiero, que creo que ya lo sabes, pero ojalá sepas también lo que te necesito, lo que me haces falta, y que ni te das cuenta.




martes, 10 de marzo de 2015

Sé que todavía te quiero

Sé que te quiero. Ahora lo sé. Todavía lo sé. Sé que mis ojos buscan los tuyos cuando parece que estoy distraída. Sé que mi boca busca formar las sonrisas que tú provocas. Sé que me gustas. Sé que por muchos 'adiós' que diga siempre son 'hasta pronto' y el pronto siempre llega. Sé que te dije que no quería saber de ti y no puedo evitar querer informarme de ti. Sé que un mes sin hablarnos sonó como una eternidad. Sé que me dije 'nunca más' y me crucé los dedos a la espalda sabiendo que los 'nunca más' nunca se cumplen. Sé que me autoengañé cada día que me dije que no me importabas. Sé que te quiero, otra vez. Sé que tu corazón dio un saltito cuando decidí volver a hablarte. Sé que mi corazón notó el saltito del tuyo y también se alegró. Sé que pones cara de pena cuando piensas que me interesan otros antes que tú pero eso es otra cosa que sé: para mí siempre vas tú primero. Sé cuándo una ráfaga nostálgica te cruza la mirada cuando paso de ti. Sé que nos da igual que haya gente entre nosotros porque siempre los ignoramos para mirarnos. Sé que me encanta perderme en tus ojos de color cambiante. Sé que adoras ponerme nerviosa y sonrojarme. Sé que te sientes triste porque piensas que me gusta otro. Sé que no puedo librarme de la intensidad de tu mirada ni aún cerrando los ojos. Sé que tienes esperanza en volver a como siempre. Sé que me has echado de menos. Sé que te encanta mantenerme la mirada. Sé que te quiero. Y sé que es la tercera vez que escribo que te quiero. Sé que sigo necesitando decirte lo que siento. Sé que esto no me lleva a ninguna parte y sé que por eso lo escribo. Sé que no puedo estar sin ti y tú lo sabes. Y probablemente sepas lo mismo que sé yo y no haces nada, y ése es el único 'no sé' que tengo y sé que separaremos nuestros destinos sin saberlo. Y éso es todo lo que sé, y aún me parece que no sé casi nada.



domingo, 8 de marzo de 2015

Pensamientos a 26 de Febrero

Me había enamorado de ti, joder. Y no sabes cómo duele. Y aún más duele tener que escribir estas palabras cuando te había dicho adiós para mí misma y, tiempo después, me he tenido que reconocer que te echaba de menos. Y quizás porque no me haces ni puto caso, que puede ser, pero odio cada minuto que pasamos cerca y no somos capaces ni de mirarnos. 

¿Qué me has hecho para que no te hable? Quererme mal. O no quererme. No sé muy bien. ¿Qué te he hecho yo para que tú estés tan fresco como una rosa y ni siquiera te importe una mierda? ¡Y yo qué sé! Y mira, no sé, pero vaya puta impotencia tengo sabiendo que necesito que sepas lo que siento. O lo que sentí. O darte mis explicaciones de por qué hago como que ya no te pienso o que ya no me afectas nada, pero no puedo darte las explicaciones que no me has pedido por mucho bien que me hagan. Y, te lo juro, esto tampoco sabes cómo duele. 


Quizá esta puñetera mierda no me lleve a ninguna parte porque estoy haciendo el gilipollas, más bien, pero es que no puedo más. Y siento que acabaré explotando y acabaré llorando y yo qué sé qué historias más cuando vuelvas a darme la espalda porque no estás siendo justo. Soy yo la dolida, la que te quiso, la que tomó la firme decisión de ignorarte por su propio bien. Tú se supone que has facilitado las cosas siguiéndome la corriente pero no quiero que lo hagas. Quiero que me hagas caso. Quiero que me pidas explicaciones y yo te las dé, o que no te las dé pero que la decisión sea mía. Quiero gritarte que te quise y que te quiero pero que eres un capullo inmaduro. Quiero beber y no acabar llorando por culpa de tu recuerdo. Quiero que me quieras bien, no a trompicones. Quiero escuchar una canción que me recuerde a ti y no quedarme sin aire. Quiero que cuando la gente hable del puñetero año que viene no me entre el pánico al recordar que no te volveré a ver y que nos iremos sin despedirnos. Quiero desahogarme por fin ya que por una puñetera vez en mi vida escribir no me ayuda. Ni siquiera escribir palabrotas. Te odio y te quiero y no puedo seguir así. Y no sé si quiero que me leas o no porque si no lo haces jamás sabrás que necesito explicarme y si lo haces sabrás que me tienes en tu puta palma de la mano. 


 Vaya indecisión. Y vaya putada. Y qué cobarde soy. Y eso es otra putada.




domingo, 1 de febrero de 2015

Carta para ti

Querido tú. O ya no tan querido.

Esta es la primera carta que te escribo y también la última. Y es la última de verdad, no como otras veces que he dicho "nunca más" mientras me cruzaba los dedos a la espalda como diciendo "no te lo crees ni tú". Esta vez es de verdad, de la buena.


Te quiero. O te quise. La verdad es que no distingo: mi percepción de la realidad la trastocaste desde que entraste en mi vida y no sé reponerla. De hecho, no sabía ni que estuviera tan mal. El caso es que te quise. Te quise mientras mis imaginaciones me hacían creer que tú a mí también. Podría escribirte nuestra historia, pero ya la sabes. También podría escribirte mi versión de nuestra historia, que por lo visto es distinta a la tuya, pero ya no me merece la pena que la sepas.


Así que a estas alturas ya sabrás que esto no es una carta de amor, como quizá pensabas. Tampoco de desamor. Quizá adiós, pero en realidad tampoco la encasillaría ahí. No es, ni mucho menos, una carta para decirte lo capullo que eres, (que lo eres, pero eso es cosa aparte). Es una carta para que sepas que has ganado el juego. Acabé enamorándome yo, como gilipollas que soy, dedicándote todas y cada una de mis sonrisas, de mis noches en vela, de mis nervios y hasta de todo lo que he escrito dedicado a ti. Merecías que te dijera que te odio, que lo hago, pero no lo voy a hacer, porque incluso tú te mereces que te digan que te han querido para que cuando tengas 40 años y estés gordo, feo y divorciado, recuerdes que a los 20 años hubo alguien que te quiso más que tú mismo (imagina de cuánto hablo), tanto que habría dado la vida por ti, que peleó por ti y que se habría tirado al vacío sólo porque tú lo habías hecho antes; alguien que contaba las horas que quedaban en el día para volver a perderse en tus ojos de color cambiante; alguien que prefirió los "ni contigo ni sin ti", porque no eran "sin ti", hasta que toda esa pantomima se convirtió en "sin ti" y se quitó la venda.


Esta es una carta para ti, para que tengas algo más de lo que presumir en el bar viendo los partidos de tu equipo favorito, el mismo que no me apetece nombrar. Sólo quiero que no te arrepientas nunca de lo que hiciste porque seguramente se parecerá a esto que siento yo ahora con el puto desengaño que me he llevado contigo. Algo así como a un montón de cristalitos pequeños y puntiagudos clavados en el corazón y no querría que pasaras por eso. Porque a pesar de todo te quise, Cuando más lo merecías y cuando menos. Y eso sí que no lo puedo cambiar, la sonrisa que me borraste un día porque te vino en gana sí que puedo.


Hazme un favor y cuando te acuerdes de mí sonríe, nada me haría más feliz que eso.