domingo, 1 de febrero de 2015

Carta para ti

Querido tú. O ya no tan querido.

Esta es la primera carta que te escribo y también la última. Y es la última de verdad, no como otras veces que he dicho "nunca más" mientras me cruzaba los dedos a la espalda como diciendo "no te lo crees ni tú". Esta vez es de verdad, de la buena.


Te quiero. O te quise. La verdad es que no distingo: mi percepción de la realidad la trastocaste desde que entraste en mi vida y no sé reponerla. De hecho, no sabía ni que estuviera tan mal. El caso es que te quise. Te quise mientras mis imaginaciones me hacían creer que tú a mí también. Podría escribirte nuestra historia, pero ya la sabes. También podría escribirte mi versión de nuestra historia, que por lo visto es distinta a la tuya, pero ya no me merece la pena que la sepas.


Así que a estas alturas ya sabrás que esto no es una carta de amor, como quizá pensabas. Tampoco de desamor. Quizá adiós, pero en realidad tampoco la encasillaría ahí. No es, ni mucho menos, una carta para decirte lo capullo que eres, (que lo eres, pero eso es cosa aparte). Es una carta para que sepas que has ganado el juego. Acabé enamorándome yo, como gilipollas que soy, dedicándote todas y cada una de mis sonrisas, de mis noches en vela, de mis nervios y hasta de todo lo que he escrito dedicado a ti. Merecías que te dijera que te odio, que lo hago, pero no lo voy a hacer, porque incluso tú te mereces que te digan que te han querido para que cuando tengas 40 años y estés gordo, feo y divorciado, recuerdes que a los 20 años hubo alguien que te quiso más que tú mismo (imagina de cuánto hablo), tanto que habría dado la vida por ti, que peleó por ti y que se habría tirado al vacío sólo porque tú lo habías hecho antes; alguien que contaba las horas que quedaban en el día para volver a perderse en tus ojos de color cambiante; alguien que prefirió los "ni contigo ni sin ti", porque no eran "sin ti", hasta que toda esa pantomima se convirtió en "sin ti" y se quitó la venda.


Esta es una carta para ti, para que tengas algo más de lo que presumir en el bar viendo los partidos de tu equipo favorito, el mismo que no me apetece nombrar. Sólo quiero que no te arrepientas nunca de lo que hiciste porque seguramente se parecerá a esto que siento yo ahora con el puto desengaño que me he llevado contigo. Algo así como a un montón de cristalitos pequeños y puntiagudos clavados en el corazón y no querría que pasaras por eso. Porque a pesar de todo te quise, Cuando más lo merecías y cuando menos. Y eso sí que no lo puedo cambiar, la sonrisa que me borraste un día porque te vino en gana sí que puedo.


Hazme un favor y cuando te acuerdes de mí sonríe, nada me haría más feliz que eso.