jueves, 16 de julio de 2015

Sueños (pesadillas) premonitorios en Junio sobre el invierno (y sobre ti)

He tenido una pesadilla. Éramos mayores. Cada uno había conseguido hacer su vida a su manera y apenas se acordaba del otro. Cada uno había triunfado a su manera. Yo sabía sobre ti y tus éxitos y me preguntaba si tú sabías sobre mí. No me acordaba mucho de ti, pero cuando lo hacía siempre me preguntaba si te acordarías de mí, si seguías bebiendo café sólo con azúcar hecho por las otras, si seguías robándole la almohada a las otras porque no podías dormir con una, si las otras unían tus lunares y te acariciaban con tanta suavidad como lo hacía yo, si te despertaban con un beso en cada párpado y un abrazo de oso, de los que gritan "no te vayas". Me preguntaba si me recordabas, si me reconocerías al verme, si te supuso algún problema tener que olvidarme, si tus ojos lloraban mucho al separarnos, si tu voz gritó alguna vez mi nombre por las pesadillas. Me preguntaba.

Ese invierno volví. Ni siquiera vivía ahí, pero volví; no con la intención de verte, tú ni siquiera entrabas en mis planes, pero es que nunca lo hiciste. Volví. Caminaba por la acera mirando escaparates en busca del regalo perfecto para los míos, tal y como solía hacerlo contigo. Y entonces entré en esa tienda de disfraces que tanto nos gustaba. Carnaval estaba lejos pero yo sentía la necesidad de entrar. Hacía un año y medio que no entraba, y la última vez que estuve fue contigo. Y entonces te vi. Le probabas a una chica una boa de plumas para luego atraerla hacia ti y besarla. Tu chica. Te percatabas de mi presencia, de mí, de la que en otra época fue tu chica, de esa que se había quedado paralizada en medio de una tienda de disfraces en la que nunca tenía que haber entrado. Entonces tú articulabas mi nombre, sin hacer ruido alguno. Tu chica se volvía, tu sonrisa se borraba, una lágrima caía por mi mejilla y mis piernas no respondían. Le pedías a tu chica salir y ella te obedecía. Todo en cuestión de segundos. Tú pasabas por mi lado, y ni siquiera un beso, un abrazo, un "te echo de menos", un "¿Qué tal todo?", ni una sonrisa. Ni siquiera me mirabas al pasar para salir. Y yo me desmoronaba, y me pellizcaba, intentando salir de mi pesadilla sin éxito, porque no era una pesadilla, de verdad te habías olvidado de mí, de verdad te habías deshecho de mí.



No hay comentarios:

Publicar un comentario