sábado, 7 de noviembre de 2015

Pidiendo perdón a mi propio corazón

Llevo tiempo queriendo escribirte desde la parte más sincera de mi corazón. Hola. ¿Qué tal te va? Sé que has pasado por mucho últimamente y que hay pocas cosas que te han alegrado como solía hacerlo él antes. Lo siento. Quería decirte que a mí me han enseñado a tratar las cosas lo mejor que pueda y a dejarlas tal y como yo las recogí. Contigo no pude. Contigo hice tantos pedazos que casi pareció que se había acabado para siempre. Te destrocé. Te despedacé. Te acribillé. Te machaqué. Y lo siento. Lo siento desde lo más profundo de mí. Siento no haberte tratado como te mereces, pero no venías con manual de instrucciones y yo no soy experta en estas cosas.

¿Me creerías si te digo que aún te quiero? Probablemente no. Probablemente me darías la patada abrazándote a ti mismo por todo el daño que te he causado. Intentarías mirar por ti antes que aceptar que nadie te llegue, que nadie te toque. Probablemente no seas el mismo, que lo entiendo, pero no sabes lo culpable que me haces sentir.

Hola. Quiero dejarte un mensaje subliminal diciéndote que te quiero, que vuelvas, que nada es lo mismo sin ti. Qué típico de mí, escribir en lugar de decírtelo en persona, pero soy más yo por escrito que por palabras dichas. Espero que lo entiendas. Vuelve, corazón. No pretendía romperte, no pretendía hacerte pasar por tantas situaciones dolorosas una y otra vez antes de darme cuenta de que quien tenía la culpa de que te hicieran daño no era él, sino yo misma. Acepta que intente quererte otra vez. Acepta que quiera ayudar a reconstruirte. Acepta que quiera formar parte de un nuevo y reformado corazón.


Déjame alejarte de todo aquél que quiera hacerte daño.

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