jueves, 24 de marzo de 2016

Ser. Estar. Parecer

Ser. Estar. Parecer.
La delgada línea que separa lo que somos de lo que parecemos. Lo que la gente cree que somos de lo que nosotros sabemos que somos. La diferencia entre estar y no estar. Y nosotros no estamos, a mi pesar.
El inmenso margen entre quererte y querer té. La poca diferencia entre encariñarse y tener cariño. Yo no sé tú, pero te considero la piedra con la que siempre tropiezo y no hay peor cosa que tropezar dos veces con la misma piedra y encima enamorarse de ella. Quien dice dos dice tres. Quien dice tres dice que he perdido la cuenta de las veces que te he escrito.
No estoy enamorada, tranquilo. Sólo te quiero. Un poco. Apenas algo. Te quiero con todo lo que me cabe en el corazón pero sin ser demasiado. Sin sufrir, dato importante.
Te quiero como si nunca me fueras a corresponder y te pienso tanto como si sí lo fueras a hacer. Qué manía, oye, la que tiene el corazón de sentir(te) tanto.
¿Qué somos? Pregunto sin preguntar. Pregunto sin abrir la boca. Sólo pienso. Pienso que no somos, que sólo parecemos. Pienso que quiero estar porque sé que aún no estamos. Pienso que pierdo el tiempo porque quererte en la sombra es un tormento.
Parece que somos. Parece que me necesitas. Parece que quiero que me necesites. Parece que sientes por mí. Parece que somos pareja. Parece que estás celoso. Parece que eres mío. Parece que soy tuya. Parece que estamos, y al final ni somos ni estamos, sino parecemos.
Soy de las que siempre estoy odiando parecer cosas, pero me encanta parecer que somos, aunque ni estemos.


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