miércoles, 11 de mayo de 2016

"¿Por qué no te gusta la lluvia?"

Me pregunto qué tiene la lluvia que a todos los que escriben inspira a escribir.

Lluvia. Invierno. Frío. Ausencia. Oscuridad. Tristeza. Tú.


Pero a mí no me gusta. No me gusta la lluvia porque no me quieres. No me gusta acurrucarme como un gusano de seda bajo el montón de mantas que he colocado en la cama porque hace frío, aunque estemos a 11 de Mayo y pasado mañana haga 30 grados. No me gusta olvidarme del reloj, hacer como que las horas no pasan y que estoy en un momento atemporal, que sólo el caer de las gotas de lluvia a través de la ventana me recuerde que no han pulsado un botón de pausa, que la vida sigue y que no se trata de un descanso para nuestras vidas ajetreadas.

No me gusta porque me hace débil, sensible, frágil. No me gusta porque la lluvia parece siempre acabar con el muro que me he construido yo sola para que nadie vea que soy uno de esos jarrones rotos mil veces y vuelto a pegar, de los que tienen tantas grietas que es imposible imaginártelos completos, como estaban originariamente. Mi muro con la lluvia se deshace. Se consume. Se cae. Queda destrozado. Despedazado. Deshecho. Deteriorado. Destruido. Derrotado. Y cuando el muro cae, lloro. Lloro queriendo que me quieran, dejándome querer, dejándome mimar, dejándome abrazar y consolar hasta la saciedad de mis lacrimales. Hasta que ya no me queden lágrimas por derramar de esas de las que se camuflan con la misma lluvia.

El problema es que no me quieres, que no eres el paraguas que necesito. El problema es que los días de lluvia sólo recibo de ti tu ausencia, la misma que tengo que cubrir con kilos y kilos de chocolate mientras espero que deje de llover fuera y pueda reconstruir mi muro particular, una vez más.

Ahora vuélveme a preguntar por qué no me gusta la lluvia aunque me permita escribir mejor.


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