miércoles, 3 de agosto de 2016

Vez número 2504 que no sé decir algo pero sí escribirlo

Todos los hombres son iguales, decimos. Pero me atrevo a lanzar una pregunta más atrevida: ¿no será que todas las chicas buscamos lo mismo? Ellos sólo se dedican a adaptarse a lo que buscamos porque, al igual que nosotras, ellos tampoco quieren estar solos. O acabar solos. 

El chico debe ser divertido, que nos haga reír, por supuesto. Debe saber vestir bien y debe ser cariñoso. Debe querernos, importante; y debe ser de ésos que no cambian de personalidad cuando están con nosotras o cuando están con sus amigos. Todas pedimos lo mismo, el resto que cambian son matices: algunas piden que les cocine, otras que sepa bailar, otras que sea guapo, moreno, rubio, alto, bajo, corpulento y mil cosas. Pero lo esencial está ahí, todas pedimos lo mismo. Y lo más importante no lo pedimos: que nos haga sentir especiales.

El problema está que nos conformamos con aquellos que cumplen las primeras características sin importarnos si somos especiales o no, pero oye, si el chico es divertido y nos hace reír, ¿por qué no va a hacer reír de igual manera a sus amigos? Si no cambian de personalidad, ¿cómo sabemos que nosotras somos las especiales? Si es cariñoso, ¿no debe serlo con nosotras? Y no estoy siendo posesiva sino real. ¿Es mucho pedir querer sentirme especial? ¿Querer no dudar?

Sí, sé que hablo mucho de pedir y poco de dar, pero ahí está la cuestión: algunas sí lo damos. O, en mi caso, lo doy. 

Estamos conformándonos con lo que creemos que merecemos. A mí, por ejemplo, me pasa algo así contigo. Yo no quiero ser tu amiga. No quiero ser tu chica. No quiero ser tu novia. Quiero ser tu "alguien especial". Quiero ser esa persona en la que piensas cuando estás mal, en la que piensas cuando estás aburrido, en la que piensas cuando quieres divertirte y aquella de la que no te olvidas aunque estés con otra gente. Quiero que me quieras de verdad, no a tu manera. Quiero no dudar de lo que me quieres porque si dudo te pongo en prueba y eso no está bien. O eso no es lo que me hacen creer que está bien. Yo ya no sé lo que está bien y lo que está mal porque tú me haces creer que me quieres cuando no es así, y eso no está bien. En cambio tampoco me dices que no me quieres mientras sabes que me lías, y eso tampoco está bien. 

Por eso no te puedo querer, no por ser igual que todos, sino por no hacerme sentir diferente a todas, que es lo que de verdad importa.

Mamá, de mayor quiero un chico que me haga sentir especial, lo demás es eso: demás.