miércoles, 2 de agosto de 2017

He encontrado un texto del verano de 2015 y aún hablaba de ti

Adoraba el final del verano. Desde siempre. El Sol se ponía antes, la arena bajo mis pies empezaba a enfriarse antes y las noches se alargaban más. Era mi inminente recuerdo de que el curso se estaba acercando. Me gustaba hasta eso. 

Prefería mil veces el final que el principio del verano. Al principio todo el mundo sabe que le quedan semanas de verano por delante; al final es cuando se disfruta más el verdadero verano, cuando nos damos cuenta de que el verano no era tan eterno como prometía. Como la vida, supongo.

Ese verano había sido el mejor de mi vida. Había superado con creces mis expectativas porque yo, por fin, te había superado a ti.

Mi sonrisa permanente me lo decía. Mi piel morena me recordaba que no tenía noticias de ti desde mucho antes de que el sol del verano comenzara a dejar huella en mí. Me encantaba esa sensación.

El curso comenzaría pronto y yo tendría que volver a la universidad, a mi vida real. La burbuja del verano estaba a punto de rompérseme, y yo tenía la esperanza de no tener que encontrarme contigo. Otra vez. De que no me vieras en pedazos, como aún seguía a pesar del verano que tanto sana. Tenía la esperanza de que te olvidaras de mí. Y yo de ti, si cabía.

Mis esperanzas, por suerte, un día de ese verano se cumplieron. Y nunca más supe de ti. Y nunca más tuve que rezar para superarte. Ni olvidarte, pero sí para recomponerme.


sábado, 29 de julio de 2017

Otra carta más pero no para una persona más

Querido tú,

Querido, queridísimo tú. Sé que me leerás, porque me lo has pedido. Es la primera vez que alguien me pide que escriba sobre él y yo le concedo el deseo. En parte por ti, en parte porque me lo debo. Escribo sobre todo lo grande en la vida, bueno o malo, y tú no ibas a ser diferente. No en ese aspecto. A ti, mi niño, también te debo una de mis cartas. A ti, el policía incoherente (tú me entiendes), te debo mi mejor carta.

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Te quiero, aunque sea la primera vez que lo diga (escriba). Ya sabes que soy un desastre diciendo las cosas importantes, que prefiero escribirlas, porque cuando las digo rompo a llorar. Qué llorona, ¿no? Si al final soy todo caos.

Te quiero. (Otra vez, qué pesada). Y sin embargo no como tú lo haces, no como me gustaría hacerlo. Y me odio. Me odio por no llegar a lo que eres y además no llegar a lo que te mereces. Y aquí tenemos otra razón más por la que no soy tan especial como crees, porque no soy lo que mereces. 

A pesar de eso no te escribo porque te quiera (en parte sí). Ni porque me odie y no tenga el coraje suficiente de decírtelo a ti así, con todas las letras (aunque en parte también). Sino porque me importas tanto que tengo miedo de levantarme un día y que te hayas hartado de mí, porque te des cuenta tú también de que mereces algo mejor, que te des cuenta de que en realidad no te aporto nada y no quieras ni mi amistad. Yo y mis miedos, qué repetida, ¿no?

Te necesito. Te necesito como no sabía que necesitara a nadie, porque necesito que me quieras como tú y pocos (nadie) saben, con todas mis roturas, mis cicatrices y mis herrores, con hache, porque sólo yo los cometo. Te necesito porque necesito la conexión tan especial que nos une, porque desde que la tengo no sé vivir sin ella. Te ne ce si to.

Yo, que me considero independiente, que vuelo sin atarme a nadie porque tengo miedo de que me abandonen cuando más los necesito, no he podido evitar(te). Tú, que como un ladrón (antítesis) te colaste en mi vida llegando en el peor momento pero en el mejor y en el más inesperado lugar. Tú, que insistes en que te diga las cosas y yo, que nunca sé abrir la boca con tal de no meter la pata y que te vayas, como todos los demás

Esta carta es diferente, ¿sabes?, porque es la primera carta que escribo que no significa un final, sino un principio. Porque no es una carta que me ayuda a superar, sino a entender. Porque me la has pedido, y la leerás, al contrario de las demás. Y sin embargo es a la que más miedo tengo. O a cuyas reacciones más miedo tengo. No a ti, a lo que digas, a lo que pienses, a lo que hagas, a lo que decidas.

El océano todo lo cura, suelo decir. Hoy he estado en la playa y le he pedido que me cure de una vez, que no quiero olvidarte y que me olvides, sino dejar de estar rota para que me empieces a entender sin irte. 

Quiero que sepas que soy de mil dudas, de infinitas dudas. Que sí, soy una romántica con miedo a perder lo que en algún momento fue mío, y que me aferro a mil cosas del pasado con tal de no perderlo, que no quiero pertenecer a nadie y muchas veces no me doy cuenta de que a quien tengo que pertenecer en primer lugar es a mí, y ni siquiera eso puedo conseguirlo. Que sí, tuviste razón aquella noche acusándome de lo que ambos sabemos que soy, una romántica, pero resulta que también tengo miedo de que me calen tan profundo en tan poco tiempo que siempre acabo negándolo, hasta que yo misma me lo creo. Que soy cobarde, ilusa, idiota. Que soy Paulo Coelho cuando me dejan serlo (gracias, por eso también). Que no estoy segura en ningún aspecto de mi vida excepto cuando estoy en alguno de mis dos lugares favoritos (el otro es Nueva York). Fíjate, qué tontería, como si fuera magia, (como tus abrazos). Que te estoy atiborrando a información en mi intento desesperado de abrirme sin llorar para que no-te-va-yas, que no sé cómo decírtelo ya para hacerte entender que eres lo más importante y lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo.

Que sí. Que lo entiendo. Que te entiendo. Que es más fácil dejar ir que aguantar. Que es más fácil tirar la toalla que persistir. Que es más fácil cambiar de camino cuando la respuesta no te gusta. Que te entiendo, insisto, pero, por favor, perdóname si alguna vez te hiero. 

Tú, que eres lo más especial que no quiero perder ahora mismo, no te vayas nunca, por favor.

Atte: Yo

miércoles, 3 de mayo de 2017

No eres tú, soy yo

Querido tú:

Hace tanto tiempo que no escribía desde lo más profundo de mi corazón que se me ha olvidado cómo se hacía. Pero aquí estoy. Papel, boli, corazón abierto y yo.

Por primera vez en mi vida no sé cómo empezar. Soy de muchas palabras, y ahora no sé cómo expresarme, así que empezaré definiéndome. Lo que ves por fuera es lo que hay al exterior: la fachada. Por dentro soy otro mundo. Cuando leí la frase de Sara Búho "Tengo el corazón tan roto que cuando bailo suenan cristales" creí que hablaba de mí, que me había visto bailar al compás de mis cristales. Por dentro tengo heridas que aún no han sanado, cicatrices abiertas y que no cierran por mi empeño de sacar un clavo con otro clavo (que, por cierto, nunca funciona), y tiritas desgastadas que se despegan y yo vuelvo a pegar, desesperada.

Ahora bien, el problema está en que vienes a destiempo, por no decirte tarde. Soy de la opinión de los que dicen que las cosas que viene tarde vienen desfasadas, pero decidí darte una oportunidad. Por mí, porque me lo debía. (Esa es otra historia más).

Al problema del cuándo le añado el cómo, y es a toda velocidad. Como un problema de matemáticas, no hay que olvidar datos aquí, y si vienes a bailar rockabilly con un corazón que hasta con una balada se deshace, llegamos al caos infinito, algo que ya soy: caos.

Por último el qué. Me haré la pregunta que ni tú ni nadie me ha hecho jamás: ¿Qué necesitas? No necesito la estabilidad que me aportas estando tan muerta por dentro como estoy. Necesito sentirme viva. Necesito calor más que cariño. Necesito pop alternativo cocido a fuego lento más que rockabilly a toda pastilla o baladas al baño maría.

Necesito vértigo. Necesito vivir.

Y tú, que no eres de vueltas, ¿cómo vas a ponerme la vida patas arriba?

No eres tú, soy yo, y espero que en esta carta lo comprendas.

Atte: Yo.

viernes, 24 de marzo de 2017

El orgullo no me deja reconocer que me gustas

"Te gusta", me dicen los que me conocen, como si no necesitaran mis palabras. Y no las necesitan, porque mi sonrisa habla por sí sola. Si le preguntas te dirá que se muere por verte, por buscarte, por luchar por algo que ya sabe que es una causa perdida. "Que la vida es efímera", también te dirá mi sonrisa, "pero no es lo que buscamos", dirá el orgullo. Eres mi serendipia, digo yo, de corazón. ¿Qué te parece? Es lo único mío que puedo llamarte, mi serendipia

Estoy enamorada de la gente que me alegra la vida, y mi corazón ha vuelto a dar saltitos otra vez, como ya hizo y no olvida. Que sueño con verte, y eso nadie lo sabe. Que sueño con reír contigo, por comerte a besos de madrugada mientras la luz de la luna llena entra por mi ventana. Que te pienso, todo el tiempo. Que te escribo, y eso es nuevo. Que nadie consigue encender la llama en un cuerpo que hace tiempo dejó de tener corriente eléctrica, y tú me das electricidad.

A ver cómo te digo yo lo que siento si ni a mí misma me lo reconozco. A ver cómo de capaz soy de sobrevivir con la boca callada, provocando al destino para verte, mintiendo a los demás al decirles que dejen de exagerar, que no busco excusas para hablarles de ti todo el rato. A ver cómo lucho yo contra el tiempo para que no nos separe, contra el universo para que deje de poner trabas. Contra mí, para que deje de esconderme. 

Que el corazón no decide lo sabemos todos, pero pocos son capaces de dañarlo más negando la realidad. Considérame una de esas masoquistas, pues tendré suerte de que al menos me consideres. Sufro más por lo que no me quieres que por lo bien que te caigo, porque para mí no es suficiente. No es suficiente pero no habrá más, porque nadie está dispuesto a arreglar a ningún corazón roto, a ninguna persona dañada. 

A ver, explícame, cómo carajo hago para olvidarte aún sabiendo que no me quieres. 


sábado, 18 de febrero de 2017

De humillaciones y errores

Humillación. Nunca me había dado cuenta de la gran humillación que me hiciste pasar hasta que lo dije en voz alta. Y me prometí mil y una veces no escribir sobre ti, pero el rechazo es la mayor inspiración de todo escritor, y tú eres mi mayor rechazo. Nunca sabes los que tienes hasta que lo pierdes, pero si eso que tenías era malo y te humillaba, ¿cuenta? 

Otro adiós, es lo mejor y único que puedo desearte.

En fin, que te odio. Que te odio y te vuelvo a odiar. Que nunca voy a perdonar, por mucho que Dios lo quiera. Que entiendo que no me quisieras, o que nunca quisieras reconocer en voz alta que me querías, pero jamás pensé que me ibas a humillar. ¿Qué más cosas tengo que saber sobre ti? ¿Que más vas a hacer para que tiempo después me sigan llegando noticias tuyas? Noticias malas, que es lo malo. Noticias del pasado, que es lo peor.

Desde luego, nunca se te va a presentar una oportunidad como yo lo fui para ti, pero tampoco me van a humillar como lo fuiste para mí. Nadie se merece tu atención, todos merecen algo mejor que tú.

Me alegro, error, de que no me dejaras cometerte.




jueves, 26 de enero de 2017

Promesas que no cumpliré y que (por primera vez) no tratan de ti

Dicen que la inspiración no existe. Que por mucho que uno diga buscarla, el que no la encuentra es porque no quiere. No hay musas ni duendes que escriben por mí. No hay magia, no existe. No me quitarás nada porque no hay nada que quitar. La inspiración la tengo si quiero, si lo decido yo. Escribo más cuando más me quiero. Y me quiero más cuando menos me duele que tú no lo hagas. Escribiré por mí, porque me lo debo, porque me lo merezco. Portaré libretas todo el día y donde vaya para, en cada esquina que sienta, poder dejar sangrar el dolor que aún me queda en sus páginas, que cada vez que apriete el bolígrafo sea porque las heridas escuecen, que cada vez que cierre un cuaderno sea como un soplo de aire fresco en la cara, una vuelta a la realidad donde los sentimientos de verdad no son encontrados, disfrutados, devueltos. ¿Qué es de mí sin ti? Yo misma. Sola. Entera. Yo. Mi persona. Dicho está. Me quiero a solas con mi teclado. Mi teclado. Yo. Mis libretas. Yo. Mis bolígrafos de brillantina por fuera con tinta azul y gastada por dentro. (Como) Yo. Qué horror, menudas comparaciones hago para acabar manteniendo mis escritos en privado. O compartiéndolos en público. Según me dé, Aún hay textos que me abren tan en canal que no son propios de leerlos a grito pelao y tono burlesco, como tú hiciste.

Hasta aquí mi promesa, yo me entiendo.
Fdo:

Mi persona.