miércoles, 3 de mayo de 2017

No eres tú, soy yo

Querido tú:

Hace tanto tiempo que no escribía desde lo más profundo de mi corazón que se me ha olvidado cómo se hacía. Pero aquí estoy. Papel, boli, corazón abierto y yo.

Por primera vez en mi vida no sé cómo empezar. Soy de muchas palabras, y ahora no sé cómo expresarme, así que empezaré definiéndome. Lo que ves por fuera es lo que hay al exterior: la fachada. Por dentro soy otro mundo. Cuando leí la frase de Sara Búho "Tengo el corazón tan roto que cuando bailo suenan cristales" creí que hablaba de mí, que me había visto bailar al compás de mis cristales. Por dentro tengo heridas que aún no han sanado, cicatrices abiertas y que no cierran por mi empeño de sacar un clavo con otro clavo (que, por cierto, nunca funciona), y tiritas desgastadas que se despegan y yo vuelvo a pegar, desesperada.

Ahora bien, el problema está en que vienes a destiempo, por no decirte tarde. Soy de la opinión de los que dicen que las cosas que viene tarde vienen desfasadas, pero decidí darte una oportunidad. Por mí, porque me lo debía. (Esa es otra historia más).

Al problema del cuándo le añado el cómo, y es a toda velocidad. Como un problema de matemáticas, no hay que olvidar datos aquí, y si vienes a bailar rockabilly con un corazón que hasta con una balada se deshace, llegamos al caos infinito, algo que ya soy: caos.

Por último el qué. Me haré la pregunta que ni tú ni nadie me ha hecho jamás: ¿Qué necesitas? No necesito la estabilidad que me aportas estando tan muerta por dentro como estoy. Necesito sentirme viva. Necesito calor más que cariño. Necesito pop alternativo cocido a fuego lento más que rockabilly a toda pastilla o baladas al baño maría.

Necesito vértigo. Necesito vivir.

Y tú, que no eres de vueltas, ¿cómo vas a ponerme la vida patas arriba?

No eres tú, soy yo, y espero que en esta carta lo comprendas.

Atte: Yo.