sábado, 29 de julio de 2017

Otra carta más pero no para una persona más

Querido tú,

Querido, queridísimo tú. Sé que me leerás, porque me lo has pedido. Es la primera vez que alguien me pide que escriba sobre él y yo le concedo el deseo. En parte por ti, en parte porque me lo debo. Escribo sobre todo lo grande en la vida, bueno o malo, y tú no ibas a ser diferente. No en ese aspecto. A ti, mi niño, también te debo una de mis cartas. A ti, el policía incoherente (tú me entiendes), te debo mi mejor carta.

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Te quiero, aunque sea la primera vez que lo diga (escriba). Ya sabes que soy un desastre diciendo las cosas importantes, que prefiero escribirlas, porque cuando las digo rompo a llorar. Qué llorona, ¿no? Si al final soy todo caos.

Te quiero. (Otra vez, qué pesada). Y sin embargo no como tú lo haces, no como me gustaría hacerlo. Y me odio. Me odio por no llegar a lo que eres y además no llegar a lo que te mereces. Y aquí tenemos otra razón más por la que no soy tan especial como crees, porque no soy lo que mereces. 

A pesar de eso no te escribo porque te quiera (en parte sí). Ni porque me odie y no tenga el coraje suficiente de decírtelo a ti así, con todas las letras (aunque en parte también). Sino porque me importas tanto que tengo miedo de levantarme un día y que te hayas hartado de mí, porque te des cuenta tú también de que mereces algo mejor, que te des cuenta de que en realidad no te aporto nada y no quieras ni mi amistad. Yo y mis miedos, qué repetida, ¿no?

Te necesito. Te necesito como no sabía que necesitara a nadie, porque necesito que me quieras como tú y pocos (nadie) saben, con todas mis roturas, mis cicatrices y mis herrores, con hache, porque sólo yo los cometo. Te necesito porque necesito la conexión tan especial que nos une, porque desde que la tengo no sé vivir sin ella. Te ne ce si to.

Yo, que me considero independiente, que vuelo sin atarme a nadie porque tengo miedo de que me abandonen cuando más los necesito, no he podido evitar(te). Tú, que como un ladrón (antítesis) te colaste en mi vida llegando en el peor momento pero en el mejor y en el más inesperado lugar. Tú, que insistes en que te diga las cosas y yo, que nunca sé abrir la boca con tal de no meter la pata y que te vayas, como todos los demás

Esta carta es diferente, ¿sabes?, porque es la primera carta que escribo que no significa un final, sino un principio. Porque no es una carta que me ayuda a superar, sino a entender. Porque me la has pedido, y la leerás, al contrario de las demás. Y sin embargo es a la que más miedo tengo. O a cuyas reacciones más miedo tengo. No a ti, a lo que digas, a lo que pienses, a lo que hagas, a lo que decidas.

El océano todo lo cura, suelo decir. Hoy he estado en la playa y le he pedido que me cure de una vez, que no quiero olvidarte y que me olvides, sino dejar de estar rota para que me empieces a entender sin irte. 

Quiero que sepas que soy de mil dudas, de infinitas dudas. Que sí, soy una romántica con miedo a perder lo que en algún momento fue mío, y que me aferro a mil cosas del pasado con tal de no perderlo, que no quiero pertenecer a nadie y muchas veces no me doy cuenta de que a quien tengo que pertenecer en primer lugar es a mí, y ni siquiera eso puedo conseguirlo. Que sí, tuviste razón aquella noche acusándome de lo que ambos sabemos que soy, una romántica, pero resulta que también tengo miedo de que me calen tan profundo en tan poco tiempo que siempre acabo negándolo, hasta que yo misma me lo creo. Que soy cobarde, ilusa, idiota. Que soy Paulo Coelho cuando me dejan serlo (gracias, por eso también). Que no estoy segura en ningún aspecto de mi vida excepto cuando estoy en alguno de mis dos lugares favoritos (el otro es Nueva York). Fíjate, qué tontería, como si fuera magia, (como tus abrazos). Que te estoy atiborrando a información en mi intento desesperado de abrirme sin llorar para que no-te-va-yas, que no sé cómo decírtelo ya para hacerte entender que eres lo más importante y lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo.

Que sí. Que lo entiendo. Que te entiendo. Que es más fácil dejar ir que aguantar. Que es más fácil tirar la toalla que persistir. Que es más fácil cambiar de camino cuando la respuesta no te gusta. Que te entiendo, insisto, pero, por favor, perdóname si alguna vez te hiero. 

Tú, que eres lo más especial que no quiero perder ahora mismo, no te vayas nunca, por favor.

Atte: Yo